





Marion Peck es la reina del surrealismo pop americano. Una artista que nos fascina y con la que compartimos una amistad y un cariño profundos que ya duran más de una década. Seguramente ya la conoces, pero aquí van algunos datos. Creció en Seattle, Washington. Estudió bellas artes en Rhode Island y Nueva York. Actualmente vive en Portland, Oregón. Demasiado americana para que no le duela la América de hoy.
Es pareja del también artista Mark Ryden. Por alguna razón, su nombre probablemente te resulte más familiar. Suele pasar. Dejando de lado las etiquetas, la obra de Marion se sostiene por sí misma, lejos de lecturas fáciles o jerarquías cómodas. Su voz es inconfundible, personal y silenciosamente poderosa.
No pinta rápido. No pinta grande. No pinta fácil. Todo lo contrario. Marion siempre pinta al óleo, un medio que exige tiempo y precisión. Se siente atraída por los formatos pequeños —no pinta para impresionar— y admite abiertamente que sus obras no tienen una interpretación única. A veces ni siquiera la tienen.
Sus cuadros son escenas oníricas que cada espectador puede hacer suyas. No se considera una narradora, sino una pintora. Las imágenes importan mucho más que las palabras. Lo visual sobre lo literario. Lo pictórico sobre lo narrativo. Fascinada por la mitología clásica y la astrología, que considera herramientas para comprender el mundo y a sí misma, su obra es precisa, sutil, mordaz y profundamente perfeccionista. La edición que se publicará próximamente ha sido supervisada personalmente por Marion, quien ha impregnado cada pieza con su toque personal inconfundible.
Todos mis cuadros tienen historias, que espero sean diferentes para cada persona que los vea